¿ESTAMOS ABUSANDO DE LOS LÁCTEOS?

¿ESTAMOS ABUSANDO DE LOS LÁCTEOS?

¿Es bueno o malo que los niños beban tanta leche?

Debido a un fenómeno llamado "consumo continuo de leche", cada vez es más habitual que los padres se quejen de que sus hijos apenas comen en su segundo año de vida, aunque en realidad está ingiriendo un litro o más de leche entera de vaca al día.

Niños bebiendo leche
Niños bebiendo leche | Pixabay

Lo primero que beben los bebés habitualmente es la leche materna. Más tarde la leche sigue siendo omnipresente en la cultura occidental, ya sea aderezada con galletas, con chocolate o cualquier otra cosa. La leche es el símbolo del crecimiento y la buena salud en la infancia. No obstante, podríamos estar abusando de ella en estos primeros años de vida.

No en vano, consideramos que la leche es una fuente inagotable de vitaminas, calcio y proteínas. Y, si bien esto es cierto, la leche también lleva aparejados otros efectos si se consume en grandes cantidades, como explica la historiadora y escritora gastronómica Bee Wilson en su libro 'El primer bocado': "La leche los deja anémicos (porque el calcio de la leche de vaca bloquea la absorción de hierro) y muy estreñidos, por no mencionar el riesgo de obesidad debido al exceso de calorías".

Fracturas

Investigadores de las Universidades de Uppsala y el Instituto Karolinska publicaron en 2014 un estudio en 'British Medical Journal' donde se analizó a más de 100.000 suecos a propósito de sus hábitos alimentarios.

Tras un seguimiento de veinte años se comprobó que las mujeres que tomaban un vaso de leche al día (el equivalente a 200 ml) no tenían menor riesgo de fracturas, y las que tomaban tres o más vasos al día parecían tener mayor riesgo de mortalidad. Una correlación que también se detectó en los hombres, aunque el riesgo de mortalidad por exceso de leche era menor proporción que las mujeres.

Otra investigación publicada en 'JAMA Pediatrics' también puso de manifiesto que los niños que viven en países donde se consume menos leche suelen sufrir menos fracturas.

De hecho, la leche tampoco parece ser ni la única ni la mejor fuente posible de calcio, tal y como sugiere la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en su guía de nutrición.

Centrarse en lo dulce

Uno de los mayores problemas del carácter saciante de la leche y el estreñimiento que produce es que los niños acaban con poco apetito para las comidas normales lo que, además, evita que prueben más a menudo comidas nuevas. Transcurrido cierto tiempo, esta omnipresencia del sabor dulce de la leche frente a los demás sabores propicia que finalmente el niño lo prefiera cada vez más.

Éste no es un problema nuevo, pero antes sólo tenía lugar en las familias acomodadas porque la leche era muy cara. A principios del siglo XX, por ejemplo, el médico Thomas Dutton se quejaba de que los niños que bebían tanta leche eran como "borrachos" cuya "sed de leche no se saciaba nunca".

Actualmente, la leche es mucho más barata y el problema se ha generalizado, acentuándose además por culpa de los yogures y otros productos lácteos. Eso nos convierte en adultos que necesitan consumir leche de forma constante, ya sea con el café, o a través del consumo de helados: "En 2013, el mundo dio cuenta de 14.000 millones de litros, una cantidad que además va en aumento", según el libro de Wilson.

En definitiva, la leche es recomendable, pero no es una panacea gastronómica. Y de vez en cuando deberíamos recordar las palabras de Paracelso: "Todo es veneno, nada es sin veneno: sólo la dosis hace el veneno".

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