POSIBLE ALTERNATIVA

POSIBLE ALTERNATIVA

En busca de la vacuna contra las infecciones de orina

Multitud de mujeres sufren infecciones urinarias y además, en muchos casos, éstas se producen de forma repetida, pudiendo encadenar varias infecciones en muy poco tiempo. Para evitarlas se están estudiando vacunas contras las bacterias que las causan.

Vacunas
Vacunas | Matt Allworth en flickr cc

Lo que llamamos comúnmente infección de orina se conocen de forma más técnica como infecciones del tracto urinario y engloban cuatro tipos de dolencia: cistitis (vejiga), uretritis (uretra), ureteritis (en uréteres, conductos que conectan la vejiga con los riñones) y pielonefritis (riñones).

Aunque nadie está libre de sufrirlas, las mujeres tenemos mayor predisposición que los hombres -una probabilidad de entre 8 y 30 veces más- y se estima que alrededor del 50% de las mujeres tendrá al menos una infección de este tipo a lo largo de su vida. Tiene una sencilla explicación: las mujeres tenemos la uretra mucho más corta y más próxima al ano, el cual es foco habitual de las bacterias que producen dichas infecciones. De hecho, la habitual es nuestra “compañera” intestinal más famosa, la E. coli, que causa más del 80% de estas infecciones.

Cuando hay infección necesitamos inevitablemente los antibióticos. Sin embargo, tenemos un grave problema: poco a poco nos estamos quedando sin antibióticos con los que matarlas porque las bacterias están desarrollando resistencias, así que pierden su efectividad. Si esto se suma a la probabilidad de reinfección durante los siguientes seis meses, que en mujeres es del 25%, vemos que necesitamos una solución alternativa, ya que no siempre los consejos habituales (beber suficiente agua, higiene correcta, limpiarnos de delante hacia detrás...) son suficientes. Para ello se está estudiando el desarrollo de vacunas dirigidas contra las bacterias más frecuentes en infecciones urinarias.

A lo largo de las últimas décadas, se ha tratado de desarrollar vacunas específicas, y por ahora no ha habido grandes éxitos. Pero no parece que estemos tan lejos según vemos en los avances de los últimos años: hay diversidad en el método de acción y el formato en el que se encuentran, pero los resultados son esperanzadores.

Placa con E. coli resistentes | Nathan Reading en flickr cc

Los caminos hacia la vacuna

Uno de los primeros intentos fue la vacuna vaginal, cuyo primer artículo científico es de los años '80. Esta vacuna en formato supositorio posee cepas inactivadas de bacterias como la E. coli o E. faecalis. A pesar de que inicialmente tuvo buenos resultados, no pasó a la fase 3 de los ensayos clínicos, dado que hubo muy pocas evidencias tras la fase 2 de que fuera realmente efectiva.

Durante los últimos años se han desarrollado otros tipos de vacunas también basadas en bacterias inactivadas. Una en formato cápsula a partir solamente de E. coli fue testada en unas 450 mujeres con cápsulas diarias durante tres meses y posteriores dosis de recuerdo, y se obtuvo una disminución del 35% en el nivel de reinfecciones. Bueno, pero no suficiente.

Se ha probado con otros formatos, como el de la vacuna sublingual, que consta de un mix de bacterias atenuadas (como en la vaginal), pero en este caso administrada mediante espray por debajo de la lengua diariamente durante tres meses. El estudio estadístico llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Salamanca indicó más del 90% de las mujeres estaban libres de infección a lo largo del año posterior al tratamiento, frente al 0% que se había tratado con antibióticos como medida preventiva.

Además, hubo mujeres que fueron tratadas con la vacuna que habían padecido anteriormente infecciones con bacterias no incluidas en el mix, por lo que parece que el rango de protección es bastante amplio. Los resultados son tan buenos que se ha comenzado un ensayo clínico multicéntrico en Salamanca que se estima finalizará en 2 años. Crucemos los dedos.

Por último, otro tipo de vacunas que se están probando son aquellas que, en lugar de tener bacterias muertas, solamente incluyen una molécula específica de la bacteria (o varias), pudiendo ser éstas de muy pequeño tamaño. Una de estas moléculas que podrían ser útiles son los sideróforos, unos pequeños transportadores de hierro que utilizan las bacterias: los liberan al medio para poder secuestrar nuestro hierro y utilizarlo para su propio funcionamiento. Son diferentes en cada especie bacteriana así que es una diana muy buena y así se ha corroborado en estudios con ratones.

Estos han sido solo algunos de los ejemplos de estudios en vacunas contra infecciones urinarias, pero hay muchos más. Veremos en unos años si al final se consigue la ansiada vacuna. Por el momento hay varios frentes abiertos, así que puede que la espera sea más corta de lo que pensamos.

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