PSICOLOGÍA DE UNA MUDANZA

PSICOLOGÍA DE UNA MUDANZA

Cambiar de país puede modificar también tu personalidad

Cuando nos mudamos a otra región, tanto el clima como la cultura pueden provocar cambios en nuestro carácter y personalidad. Los nuevos habitantes acaban asimilando muchas costumbres y valores de los nativos por “contagio social”.

Vivir en una ciudad con un clima desapacible puede agriarnos el carácter
Vivir en una ciudad con un clima desapacible puede agriarnos el carácter | Craig Sunter

¿Cómo será el nuevo hogar, los vecinos aún por conocer, el ambiente de esa ciudad todavía por descubrir? Estas son algunas de las dudas que suelen surgir cuando vamos a mudarnos a otra población o incluso a otro país, casi todas relacionadas con el cambio de dirección física y con las novedades que allí encontraremos. Sin embargo, poca gente considera que el traslado, si se prolonga en el tiempo, puede afectar a su forma de ser.

Lo que sí sabemos es que el carácter de los españoles no es el mismo que el de los noruegos o británicos. Claro que ni siquiera hace falta cruzar la frontera: existen tópicos muy arraigados sobre los rasgos de personalidad de los habitantes de diferentes regiones de nuestro país.

Aunque estas extendidas ideas no siempre están justificadas, lo cierto es que el entorno influye en las personas que habitan en él, sean o no nativas del lugar. “La personalidad está moldeada por factores genéticos y ambientales”, según indican dos psicólogos estadounidenses en un reciente estudio sobre influencias externas en la personalidad. Y entre esos factores ambientales también se incluyen los culturales.

Esto no quiere decir que, una vez cambian de ciudad, los foráneos se mimeticen instantáneamente con los paisanos y asimilen su carácter como propio, pero sí que se verán influidos. El grado en que esto ocurre depende, por ejemplo, de qué factores han moldeado la personalidad de los nativos. Jason Rentfrow, un investigador de la Universidad de Cambridge, señala tres elementos que, conjuntamente o por separado, pueden marcar las diferencias regionales: los flujos migratorios, la ecología y la influencia social.

Con el tiempo, las personas tienden a asimilar la cultura y las costumbres de un lugar | Dominio público

El primero de ellos deriva de la atracción de un lugar para ciertos colectivos. Por ejemplo, si una región resulta especialmente interesante para artistas o para personas de cierto credo, acabará atrayendo a más miembros de esas comunidades. Esta migración selectiva contribuye así a perpetuar rasgos de personalidad concretos, de forma que sus genes los reflejarán más. Según esta teoría, puede que cuando te mudes ya lleves contigo el mismo carácter que tienen los que viven en tu nuevo hogar.

El segundo factor se basa en el papel de la ecología y el entorno: en un ambiente “cualquier rasgo de la personalidad, al menos en términos de evolución, va a tener costes y beneficios”, advierte un estudio publicado en 'Advances in experimental social psychology'. El trabajo sugiere también que las personas extrovertidas son más escasas en países donde tradicionalmente proliferan las enfermedades infecciosas porque cuanto más se acerquen a otros, más probabilidad tendrán de contagiarse.

Al mal tiempo, ¿mala cara?

Otro factor ambiental, el clima, también influye en la personalidad de foráneos y nativos. Una primavera agradable y un cielo soleado tienden a mejorar el estado de ánimo, la memoria y las facultades cognitivas, en parte porque permiten pasar más tiempo al aire libre. Sin embargo, las temperaturas demasiado altas favorecen la agresividad y los climas lluviosos la tristeza.

Pero según los psicólogos, el factor que más afecta a quienes se mudan es la variable social. La cultura, ideas y principios se perpetúan entre generaciones y se transmiten a los nuevos habitantes mediante “contagio social”: las personas tienden a asimilar las costumbres y los valores de aquellos que le rodean.

Para Mark Schaller, investigador en psicología de la Universidad de British Columbia, la susceptibilidad social es una de los motores que nos llevan a adoptar los rasgos de personalidad de otros. Por ejemplo, rodearse de personas felices puede hacernos más felices, sin embargo aquellos que se mudan a zonas con ideologías contrarias a las suyas o donde pertenecen a alguna minoría excluida, se sentirán aislados y no experimentarán ese contagio social.

Por desgracia, todos los expertos en psicología y sociología que han analizado las influencias culturales, ecológicas y genéticas en la personalidad señalan que hace falta más investigación en la materia. De momento ya sabemos que las mudanzas no sólo implican un cambio físico.

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