ASÍ SE FORMAN LOS GUSTOS MUSICALES

ASÍ SE FORMAN LOS GUSTOS MUSICALES

De Camela a Mozart: la ciencia explica cómo y por qué cambian tus gustos musicales según tu edad

Mediante el uso de datos acumulados de 250.000 personas durante un periodo de diez años, un estudio ha mostrado la evolución de los gustos musicales en el transcurso de una vida. Los resultados ponen de manifiesto, entre otras cosas, que el entorno y nuestra biología favorecen unos gustos musicales sobre otros.

Música de tambores
Música de tambores | Agencias

Bajo el intencionado acrónimo 'MUSIC' pueden definirse las pautas de consumo en función de nuestras preferencias musicales. Las iniciales se corresponden con las letras en inglés de "suave", "sin pretensiones", "sofisticado", "intenso" y "contemporáneo". Al menos así fue como dividieron los gustos musicales en un estudio publicado en 'Journal of Personality and Social Psychology' que examinaba las pautas de consumo musical de un cuarto de millón de personas.

Así por ejemplo durante la adolescencia tendemos a la música "intensa", lo que probablemente refleja la cascada hormonal a la que estamos siendo sometidos a esa edad. Las connotaciones rebeldes de la “música intensa” también ayudan a los adolescentes a descubrir su identidad. Con el transcurrir de los años, tenderemos a los temas "contemporáneos", una tendencia que se alarga hasta la mediana edad.

Por lo general después empezaremos a interesarnos por la música romántica, emocionalmente positiva y bailable. Y, finalmente, en las postrimerías de nuestra vida, nos decantaremos por la música sofisticada: jazz y música clásica, sobre todo, así como por la música sin pretensiones, como country, folk o blues. Según los investigadores, esta última etapa de la vida suele consumirse en mayor medida por el trabajo y la familia, y es posible que busquemos ese tipo de música más sofisticada como un método de huida y relajación.

Otro estudio de similares características, además, ofrecía otra conclusión: las mujeres muestran un continuado declive en sus escuchas de música pop desde los 13 hasta los 49 años, mientras que los hombres cambian súbitamente al llegar a la treintena y dejan de escuchar las canciones más famosas del momento.

Naturalmente, estas tendencias son generales, y no significa que a determinada edad solo escuchemos ese tipo de música exclusivamente.

Estereotipos musicales

De todas formas, la música que escuchamos no sólo puede estar determinada por la etapa vital en la que nos encontramos, sino que define parte de nuestra personalidad, aunque no siempre de la forma que pensamos a tenor de los estereotipos establecidos.

Por ejemplo, vinculamos la música heavy con personalidades duras, frías y salvajes, pero en realidad lo que sucede es que la mayoría de la gente que escucha este género musical suele ser más sensible que el tipo medio. Además, esta clase de música no potencia la agresividad, sino que regula la tristeza y potencia la actitud positiva, tal y como reflejó otro estudio publicado en 'Frontiers in Human Neuroscience'.

De hecho, una encuesta realizada por Adrian North, de la Universidad británica de Heriot-Watt, sugiere que los aficionados al heavy metal se parecen muchísimo a los aficionados a la música clásica. Lo explica así Christopher Drösser en su libro 'La seducción de la música': "Los encuestados manifestaron sus preferencias respecto a 104 estilos musicales (de la música clásica al soul o el Hollywood) que en teoría eran el reflejo de sus rasgos de personalidad. Esos rasgos eran, por ejemplo, autoestima baja o alta, carácter creativo o no creativo, introvertido o extrovertido, dulce o agresivo, trabajador u holgazán".

Es decir, que la música puede determinar en parte en qué momento de nuestra vida nos encontramos, o puede reflejar nuestra personalidad, aunque no siempre de la forma en que popularmente se cree.

Como el pez que se muerde la cola, la música también puede influir en nuestra forma de ser, de nuevo de formas que quizá difieren de lo que se ha sostenido popularmente, o modificar nuestros sentimientos. Incluso en el caso de los bebés. Es el poder del pentagrama.

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