MANIPULAR EL NAVEGADOR PUEDE SER PELIGROSO

MANIPULAR EL NAVEGADOR PUEDE SER PELIGROSO

Desconexiones electromagnéticas: no son hackeos, son GPS trucados para que no les detecten

Cada vez es una práctica más común que camioneros y transportistas, así como otros trabajadores que usan regularmente un vehículo para desplazarse, estén monitorizados a través de su GPS por parte de la empresa. De este modo, se puede conocer la localización y el tiempo que pasa en cada lugar el trabajador. Para evitar ser controlados, muchos usan interceptores que pueden ser peligrosos para todos.

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GPS | Agencias

La cada vez mayor dependencia de los conductores de los GPS está provocando efectos curiosos, como que haya quien siga las indicaciones del aparato a ciegas a pesar de que el entorno no lo permita. Por ejemplo, durante la semana de 2006 que estuvo cortado el puente sobre el río Avon, los vecinos del pueblo inglés de Luckington, en el condado de Wiltshire, tuvieron que sacar del agua una media de dos coches diarios que habían sido guiados por el GPS hasta su fatal destino.

Aunque usar el GPS no es peligroso si se utiliza el sentido común, manipular su software sí puede serlo. A pesar de ser ilegales en países como Estados Unidos, los interceptores de GPS pueden conseguirse fácilmente en internet por sólo 50 dólares. Con ellos, un transportista o un profesional que usa su vehículo para trabajar, puede generar una burbuja electromagnética para evitar ser controlado por su empresa, interrumpiendo la monitorización a la que normalmente se les somete.

El problema es que el radio de acción de estas burbujas a veces es demasiado elevado, y afecta a los GPS de otros coches que están próximos. Ningún problema hasta ahí, pero es que si la 'burbuja' se va de las manos los efectos pueden graves, ya que pueden influir en torres de telefonía móvil, el tendido eléctrico, el control del tráfico aéreo y los cajeros automáticos, entre otros.

La larga lista de riesgos

Así, un transportista que active su interceptor de señal a fin de evitar que su jefe o controlador sepa que se está echando una cabezadita, puede alterar la señal GPS de entre cincuenta y cien vehículos a su alrededor en la carretera. Al desconectar otros GPS, no sólo de vehículos sino de otros sistemas, también se puede estar desconectando el GPS de otras muchas personas y servicios, originando daños colaterales.

Por ejemplo, los agentes de Bolsa de Londres se dieron cuenta que durante diez minutos diarios sus operaciones no se ejecutaban porque había un problema con el mecanismo de datación del sistema. Pensaron que se trataba de un ciberataque externo, pero en realidad era un camionero londinense que tenía la costumbre de estacionar cada día junto al parqué mientras efectuaba sus repartos y, para evitar que constara aquel descanso, conectaba su interceptor.

Otro ejemplo más crítico de cómo estos interceptores alteran los sistemas que nos rodean lo protagonizó otro conductor en la New Jersey Turnpike, que desconectaba inadvertidamente dos veces al día un sistema de aterrizaje mediante GPS del Aeropuerto Internacional de Newark Liberty que permitía a los aviones aterrizar en condiciones de baja visibilidad. Se tardó meses en descubrir el origen de la interferencia: al parecer el conductor usaba aquel interceptor para evitar pagar peajes en la autopista.

Lo que se podría hacer

Como explica el experto en tecnología Marc Goodman en su libro 'Los delitos del futuro', "la tecnología que emite las señales de GPS es cada vez más pequeña, barata y potente. Por tanto, ya no sólo las fuerzas armadas tienen acceso a los interceptores de la navegación, sino cualquier ciudadano corriente". Y eso incluye a los delincuentes.

Por ejemplo, muchos coches robados ya tienen un GPS instalado para ser localizados, pero los ladrones usan cada vez más interceptores para hacerlos desaparecer del mapa mientras cometen sus latrocinios.

El riesgo es que otra clase de delincuentes o incluso terroristas puedan hacerse dentro de poco con interceptores de GPS más potentes, afectando a grandes áreas metropolitanas. El objetivo no sólo podría ser el bloqueo al GPS de muchos servicios, sino también intentar alterar los datos posicionales que se reciben de dichos servicios. Esta emisión de señales falsas podría, por ejemplo, reconducir un petrolero hacia un puente o a un convoy militar a territorio enemigo.

Es el nuevo mundo GPS que tanto nos facilita la vida, pero que a la vez genera nuevos agujeros de seguridad por los que la picaresca o la simple vileza puede colarse cada vez más fácilmente.

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