CRIPTOZOOLOGÍA, UNA FÁBULA VESTIDA DE CIENCIA

CRIPTOZOOLOGÍA, UNA FÁBULA VESTIDA DE CIENCIA

El museo de los animales que no existen

Creyentes de todo tipo de mitos vuelcan sus incansables búsquedas de monstruos míticos en una pseudociencia llamada Criptozoología, que tiene poco de 'cripto' y aún menos de 'zoología'. Yetis, chupacabras y dragones, casi todo tiene cabida en este lugar.

Aquí algunos vieron al monstuo del Lago Ness
Aquí algunos vieron al monstuo del Lago Ness | Apple Maps

La ciencia es como la Ley: lo que dice es lo que hay, y fuera de ellas no hay nada. Al menos, claro, hasta que hay nuevos descubrimientos y evidencias o, siguiendo la comparación, una ley que derogue a una anterior. Por eso las formulaciones que no han conseguido probarse se llaman teorías, que pasan a tomarse como leyes una vez están demostradas. Y a veces en ese proceso se tardan años, que se lo digan si no a Einstein.

Por eso cualquiera dirá que hay animales míticos, representados una y otra vez en fábulas y leyendas, que no existen. Pero un científico posiblemente dirá que seguramente no existan o, mejor, que no hay prueba irrefutable alguna de que existan, así que, hasta donde sabemos, no existen. Cabe la posibilidad de que algún alpinista, algún día, encuentre al yeti en una cúspide helada, pero eso de momento no ha sucedido. Así que, a efectos prácticos, no hay pruebas de que el yeti exista y, por tanto, no sabemos que exista.

Esto, que parece una perogrullada, es a la vez el argumento que muchos amantes de 'lo oculto' esgrimen: no se puede asegurar categóricamente que algo no existe si no conocemos todo lo que hay. Efectivamente, los científicos estiman que aún nos queda un alto porcentaje de especies por descubrir en nuestro planeta, y cada año censamos a nuevos ejemplares. Pero lo que aún no conocemos es, en su mayoría, lo que no es fácilmente 'encontrable': seres microscópicos o seres que viven en condiciones extremas, sea en las profundidades marinas o sea en entornos realmente hostiles.

Pero para quienes buscan sombras en cada rincón un condicional es un clavo al que asirse.

Todo ese movimiento de superstición, supesición y -a veces- misticismo se engloba bajo la Criptozoología, una pseudociencia cuyo nombre vendría a significar 'la ciencia de los animales ocultos'. Es decir, animales que -según ellos- existen, pero no se han descubierto aún. Y bajo ese nombre cabe de todo: desde chupacabras hasta dragones, pasando por cualquier resto óseo mínimamente llamativo o cualquier cabo suelto que la ciencia aún no haya conseguido atar del todo, hombre-polilla incluido.

Su padre, Bernard Heuvelmans, acuñó el término en 1986, mucho después de haber escrito su 'Tras la pista de las criaturas olvidadas' en 1955, una especie de listado de esas supuestas especies de las que apenas se tienen como pruebas fotos borrosas y vagos testimonios de aterrados espectadores.

¿Y por qué esa necesidad de creer en monstruos? Es, salvando las distancias de lo moral, como con las religiones: los humanos tendemos a dar explicaciones mágicas a situaciones que no podemos entender ¿Que los mapas de Apple dibujan una forma rara sobre el lago Ness? Es una nueva sospecha de que el monstruo existe ¿Que se encuentran unos restos que no encajan a priori con lo conocido? Un tipo misterioso de ser no catalogado: Google está lleno de imágenes así. Lo que pasa es que los mapas de Apple son de todo menos fiables y que la ciencia a veces se toma su tiempo en poder explicar las cosas. Precisamente porque busca argumentos sólidos e incontestables, pruebas reales, y no meras suposiciones.

Quien sabe mucho de estas cosas es el biólogo español Carlos Chordá, autor del libro 'El yeti y otros bichos ¡vaya timo!'. Y, en el lado contrario, Loren Coleman, un afamado criptozoólogo. Pasen y lean, de científico tiene poco, pero unas risas de viernes seguro que se echan

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