BASADO EN HECHOS REALES

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Porfiria, la enfermedad que dio origen al mito del vampirismo

Las primeras historias sobre vampiros surgieron en el siglo XVIII y a partir de entonces se han escrito y llevado al cine gran variedad de tramas con vampiros como figura central. Pero detrás del mito sí hay una historia real.

Porfiria, la enfermedad que dio origen al mito del vampirismo
Porfiria, la enfermedad que dio origen al mito del vampirismo | Andreas Engel en flickr cc

Los vampiros se crearon (o al menos eso parece) a partir de enfermos de porfiria. La porfiria es una enfermedad de tipo metabólico que habitualmente se da por herencia genética. En ella se ve afectada la producción del grupo HEMO, un elemento importante por ejemplo para la hemoglobina, responsable del transporte del oxígeno a través de la sangre. Como consecuencia, se produce un exceso de unas moléculas llamadas porfirinas, entre otras, que se acumulan en la piel, y se sufre un constante estado de anemia.

Un síntoma muy típico es la sensibilidad a la luz. Las porfirinas absorben radiación ultravioleta y generan una serie de compuestos que dañan las células. Al igual que los vampiros, estos enfermos no la soportan, describiendo una sensación de escozor dolorosa e intensa en las zonas expuestas, pudiendo producirse incluso ampollas. Prácticamente como si estuvieran hirviendo… ¿Os suena?

Además, tienen la orina de color rojo por culpa del porfirina expulsada (¡como si hubieran bebiendo sangre a litros!), así como los dientes, aunque éstos se tiñen de un tono más bien marrón oscuro y hay quien dice que se les retiran un poco las encías pareciendo que son más largos de lo normal. Otro rasgo que parecía propio del mito pero es real es la aversión al ajo: no lo pueden ni oler, ya que tiene un compuesto capaz de agravar los ataques si éste entra en su organismo. Si todo esto lo sumáis a que intentan que no les dé la luz, por lo que probablemente hagan más vida nocturna, y un aspecto algo más pálido de lo normal por la anemia… Vampiros.

Lo que sí es cierto en cuanto a la sangre es que, como sufren anemia, suelen necesitar ayuda externa... pero en forma de transfusión. No hay ningún tipo de tendencia a morder cuellos ni nada similar, eso sí es una característica propia y exclusiva de los vampiros.

Varias enfermedades en una

Como ocurre con muchas patologías, la porfiria es un conjunto de enfermedades con alguna variante común, como es en este caso el defecto en la formación del grupo HEMO. Por eso, los síntomas descritos anteriormente pertenecen a algunas de las formas de porfiria, pero no a todas.

En total hay siete tipos diferentes porque el proceso de formación del grupo HEMO es como una cadena de montaje con muchos pasos y, dependiendo de la etapa en que la cadena falla por la mutación de uno u otro gen, las consecuencias son distintas. Se clasifican según si este defecto se observa en mayor medida en el hígado o en la médula ósea y, dependiendo de cómo se desencadena la enfermedad, en aguda o cutánea (no aguda).

La forma más común es una de las de tipo hepático denominada porfiria intermitente aguda, siendo la prevalencia en Europa de 1 de cada 75.000 habitantes, por lo que es considerada una enfermedad rara. Uno de sus mayores problemas al ser tan poco frecuente es el diagnóstico, porque no es una enfermedad que los médicos tengan presente y muchos de los síntomas son inespecíficos, es decir, pueden ser compartidos por muchas enfermedades diferentes.

Por ejemplo, en las agudas de tipo hepático un ataque consiste en intenso dolor abdominal, debilidad muscular y episodios de vómitos, estreñimiento o diarrea, con taquicardias, posible dolor en la zona del cuello o la cabeza, pudiendo darse hasta convulsiones o problemas de tipo mental, y un largo etcétera. Muy complicado para un médico a no ser que recurra al estudio genético o a pruebas bioquímicas más específicas.

Un verdadero vampiro

Aunque no existen los vampiros realmente en forma humana sí los hay, o al menos algo parecido, en forma de bacteria. Se trata de la especie Micavibrio aeruginosavorus. Esta bacteria, aislada en aguas residuales y por ahora que se sepa no infecciosa en humanos, se alimenta de otras bacterias tal y como lo haría un vampiro: se pega a la superficie de la célula y comienza a succionar su contenido, hasta matarla si se da el caso.

La parte positiva (para nosotros) es que le gustan mucho algunas especies que nos producen infecciones complicadas y difíciles de tratar por culpa de las resistencias a antibióticos, por lo que sería una opción utilizarlas como medida desesperada si nos quedamos sin tratamientos. Así que igual un vampiro puede salvaros la vida.

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