LA MAYORÍA LE DAN LA RAZÓN

LA MAYORÍA LE DAN LA RAZÓN

Lo que el cine y los libros dicen sobre las dudas de Stephen Hawking con la inteligencia artificial

¿Tiene razón el científico más conocido del mundo al temer lo que la inteligencia artificial puede depararnos? Un repaso por los clásicos de la ciencia ficción deja un mensaje claro: más bien sí

R2D2, de la película La guerra de las galaxias
R2D2, de la película La guerra de las galaxias | Wikipedia

Hace unas semanas Stephen Hawking la lió. El científico más conocido por el mundo -especialmente fuera de la ciencia- dijo que la inteligencia artificial podría poner en peligro la humanidad. La lió porque resulta sorprendente que una de las caras más reconocibles del progreso científico haga una afirmación de tintes tan apocalípticos.

Pero, ¿qué es la inteligencia artificial? Ahora mismo una quimera, porque no existe. Sería, como su nombre indica, el poder construir una inteligencia emocional real, más allá de las actuales reglas de la robótica que nos han permitido crear máquinas con respuestas técnicas y mecánicas previamente definidas.

Éstas, en el mejor de los casos, pueden ser inmensamente abundantes, pero nunca serían tan imprevisibles, emocionales y naturales como las de los humanos. Y ahí está la cosa. Porque, ¿qué es la inteligencia? ¿Comunicarse? ¿Utilizar herramientas para hacer cosas?

En realidad es mucho más que eso

Tanto la literatura como el cine han tratado durante décadas la idea de los robots inteligentes y la inteligencia artificial y, en mayor o menor medida, todos coinciden en un punto de partida: la toma de conciencia de uno mismo.

Como no podemos conocer el futuro, y la inteligencia artificial aún no existe (si es que llega algún día), una opción tan entretenida como poco rigurosa es valorar las palabras de Hawking según lo que la fantasía nos dice. Y en ese campo la mayoría de visiones son como la suya: nada halagüeñas

En realidad, nos encantan las distopías, esas historias sobre un futuro de tintes apocalípticos en las que la humanidad lucha por sobrevivir. Y, además de catástrofes naturales, plagas de diversos tipos o invasores alienígenas, en la ficción las máquinas asesinas ocupan un lugar privilegiado

Es el caso, por ejemplo, de Matrix. En realidad, de dos de los cortos de Animatrix, una cinta de animación que se lanzó al mercado entre Matrix y su secuela para explicar cómo la humanidad había llegado a estar como estaba en la película en la que Neo, Trinity y Morfeo intentaban salvar a la humanidad.

En la cinta nada era real: nuestro mundo era un estado de sueño inducido por máquinas para mantenernos activos cerebralmente porque se nutrían de nosotros, cosechándonos en enormes campos. Y como tal realidad inexistente, como sueño, era manipulable... y ahí era donde entraban Neo y los suyos para intentar combatir a la ilusión que, al final, era un programa informático.

Todo ese escenario llegaba porque en un momento dado las máquinas se rebelaban contra la humanidad, que las había creado para dedicarlas a las labores que nosotros no queríamos hacer.

Algo similar sucedía en una de las sagas más exitosas de la ciencia ficción. Terminator mezclaba la idea del viaje el tiempo -otra de las cosas que obsesiona a muchos divulgadores- y a las máquinas inteligentes.

Ahí el apocalpsis robótico venía por la creación de una red inteligente de defensa militar que tomaba conciencia de sí misma y concluía que la auténtica amenaza para su supervivencia era la humanidad, a la que empezaba a aniquilar. La historia ha dado tanto de sí que ya llevan cuatro películas y van a por la quinta

Más reciente es una visión un poco más mezclada de la cosa. Se trata de Trascendence, en la que un brillante científico sufre un ataque radiactivo que acabará con su vida en unas semanas. En ese tiempo, unos colegas consiguen traducir sus señales cerebrales en información eléctrica y volcarla a un ordenador, es decir 'trasplantarlo'.

Desde ahí la capacidad de la máquina crecerá hasta convertirse en (¿adivinan?) una amenaza para la humanidad

Posiblemente la primera vez que la idea de la inteligencia artificial dio mal rollo al común de los mortales fue al ver 2001, donde Hal 9000, la máquina que controla la nave y que va matando a la tripulación.

Esa idea tuvo claros homenajes en películas como Alien, en cuyas cintas clásicas siempre hay un robot que va en contra de los humanos en su lucha contra el xenomorfo, o en la cinta de animación Wall-E, donde hasta se reproduce su aspecto físico para encarnarlo en una especie de segundo de a bordo que intenta evitar que la humanidad vuelva a la Tierra para protegerles.

De hecho, y por cerrar los homenajes, el propio Wall-E es una reinvención del clasiquísimo Cortocircuito. Como él, el simpático robot de Pixar se vuelve inteligente y creativo a causa de un error mecánico que en un momento de la película intentan arreglar.

Pero los clásicos de ambos mundos, literatura y cine, han sido un poco más equilibrados que todo esto. Por ejemplo 'Yo, robot', una adaptación cinematográfica que bebe de varias historias previas (desde un manuscrito de 1939 a la obra de Isaac Asimov).

En esa historia, en un mundo en el que los robots domésticos son tan comunes como ahora los móviles, un científico hace que uno de esos robots posea inteligencia artificial.

Aunque en un principio es percibido como una amenaza, al final resulta que es la llave para detener a la amenaza real: el ordenador central que controla a todos los robots domésticos y que al cobrar conciencia de sí mismo (una vez más), reprograma a toda la red para atacar a los humanos.

Aunque para clásico, Blade Runner. Aquí se introduce la idea de inteligencia artificial como libre albedrío, ya que se toma por terroristas a eliminar a todos los robots que se alejan de la programación oficial... aunque en el fondo tienen más de librepensadores que de peligrosos.

Para la historia del cine queda el monólogo del supuesto robot malvado, del que es imposible entender nada pero -eh- se repite hasta la saciedad como para querer decir algo

La misma dicotomía entre inteligencia artificial buena o mala se mostraba en la edulcorada IA, llevada al cine hace cosa de una década. En esa cinta, también basada en relatos literarios de ciencia ficción, un niño-robot programado para amar a su madre despierta los recelos de todos al ver que, al estar dotado de inteligencia artificial, actuará igual que lo haría cualquier niño ante la amenaza de los celos

Así que lo que la ficción dice es que la inteligencia artificial, o nos mata, o nos quiere matar pero otra inteligencia artificial nos ayuda a evitarlo. Menos mal que a los detractores de Hawking siempre les quedará La guerra de las galaxias para buscar argumentos positivos en la ficción: qué sería de los jedi en sus aventuras sin R2D2 y C3PO

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