DEL MITO FANTÁSTICO AL MUNDO REAL

DEL MITO FANTÁSTICO AL MUNDO REAL

¿Qué dice la ciencia sobre los vampiros?

Uno de los mitos más antiguos y arraigados en culturas de todo el mundo, a examen ¿Puede la ciencia explicar el vampirismo?

Ejemplar de murciélago que se alimenta de sangre
Ejemplar de murciélago que se alimenta de sangre | Wikimedia commons

El vampirismo existe. De hecho, desde hace unas décadas se considera un trastorno mental con baja incidencia pero bastante importancia, determinado por un comportamiento obsesivo y pulsión hacia la ingesta de sangre ¡Entonces los vampiros existen! No, lo que existe es gente que cree que es un vampiro, y eso en algunos casos es mera fantasía y en otros, cuando hay un cuadro clínico -normalmente debido a trastornos o problemas afectivos durante la infancia o la juventud-, es una enfermedad mental.

¿Y de dónde viene el mito? Es complicado detallarlo porque la idea de un ser maléfico e inmortal, cuyo sustento son los humanos y que vive en la oscuridad es casi más vieja que la humanidad misma. En cierto modo la figura del vampiro es la síntesis de todos los temores míticos de la humanidad.

Aunque las narraciones sobre vampiros de una forma dispersa vienen de mucho antes, todo cristalizó con el auge de la novela gótica a finales del siglo XIX. Fue un irlandés llamado Bram Stoker quien escribió 'Drácula', que dio forma al vampiro por antonomasia, aunque ha tenido no pocas variaciones. La obra se basa supuestamente en un príncipe de Valaquia conocido como Vlad 'El empalador' porque era así como trataba a sus enemigos, empalándolos, y, según la leyenda, bebiéndose su sangre. Él solito -y sus huestes- fueron capaces de frenar al imperio otomano en su avance hacia lo que hoy es Rumanía. El castillo, por cierto, ahí en la región de Transilvania, es un interesante foco turístico para la región.

¿Y qué demonios tiene que ver todo esto con la ciencia? Es más, ¿qué narices tienen que ver los vampiros con la ciencia?

Por partes. Primero, las causas. Una cosa son las leyendas -la historia de Vlad Tepes, que así se llamaba 'El Empalador'- y otras los mitos -toda la literatura que se ha añadido a una figura supuestamente histórica-. Por ejemplo, que se alimentara de sangre, que eso convierta a alguien en inmortal, que odie el ajo, la intolerancia a la luz, que se transforme en murciélago... Porque claro, cada interpretación del mito va añadiendo matices.

Por ejemplo Anne Rice, la creadora de la saga literaria de las Crónicas Vampíricas (te sonará por la película 'Entrevista con el vampiro') cuenta del proceso de vampirización que lo primero que sucede, además del dolor, es que desaparecen todos esos pequeños dolores cotidianos, esos pequeños defectos que todos tenemos.

"Proceso de vampirización", toma ya. Es decir, que un vampiro te puede morder para sacarte la sangre y matarte o bien para hacerte vampiro. Científicamente lo primero sería porque te desangra o te inyecta algún veneno, y lo segundo porque te inocula algún tipo de virus que te hace enfermar, entendiendo el vampirismo como una enfermedad. Vale, esto sería verosímil

Ahora bien, ¿en qué consiste la enfermedad? ¿En hacerte inmortal? Existe algún ser vivo técnicamente inmortal, pero no por no envejecer, sino porque se multiplica más rápido de lo que se muere sin transferir tara genética alguna a sus sucesores. Eso sí, hablamos a nivel microscópico, nada que ver con una estructura orgánica tan compleja como lo nuestro ¿Y si lo que se inocula no es exactamente un virus, sino algo que cambia completamente al receptor? Ya existen bisturíes moleculares que 'operan' el ADN, pero tanto como eso no.

Algunos de los rasgos icónicos de los vampiros pueden deberse a algo mucho más terrenal: la porfiria. Es una enfermedad con baja incidencia, aunque algo mayor en tiempos pasados y especialmente en la zona de Transilvania. Su causa es la incapacidad del organismo de sintetizar algunas proteínas, entre ellas la hemoglobina de la sangre. Entre sus muchas consecuencias está la ulceración y desaparición de capas de piel superficial -como las encías, por ejemplo, provocando un mayor resalte de los dientes-, cierta intolerancia a la luz y aspecto pálido de los enfermos, que sólo pueden mejorar en algunos casos mediante trasfusiones sanguíneas.

Suma todo eso y exagéralo: piel cayéndose al contacto de la luz en un ser pálido, de enormes dientes y cuya única forma de supervivencia es consumir sangre humana. Con ustedes, un vampiro.

Luego ya hay otras interpretaciones más rebuscadas como que el dialil disulfuro, uno de los compuestos químicos presentes en el ajo, agravan la sintetización de las proteínas antes citadas.

Ahora bien, ninguna explicación científica a que una estaca de madera en el corazón los mate (bueno, mejor dicho, no hay una explicación científica para lo contrario, que eso no matara a cualquiera). Tampoco para la inmortalidad, ni desde luego para que un vampiro tenga que dormir en un ataúd, no pueda pisar lugares sagrados o bien se pueda transformar en murciélago. Lo que pasa es que hay murciélagos que sí muerden y chupan sangre a animales, los Desmodontinae, que viven en América

¿Y qué tiene en común un príncipe de Valaquia con un animalillo americano? Nada, claro, la unión de mitos de diferentes culturas.

Ni, por supuesto, hay nada de ciencia en la visión de Anne Rice de que al convertirse uno en vampiro desaparezcan los achaques o que tengan una difícil relación con su sombra, a lo Peter Pan pero en mal rollo, cuando la sombra no es más que la consecuencia lógica y física de que una luz se proyecte contra un cuerpo opaco.

Y llegamos a los espejos ¿Qué podría causar que algo no se reflejara en un espejo? Pues salvo la explicación de Stephen Hawking en un capítulo de los Simpson en que el serrín en suspensión de una tienda de madera causó un pequeño agujero negro que hizo que nadie viera al supuesto amigo imaginario de Homer, nada. O que todos los espejos que tienen los vampiros son falsos.

Otro aspecto achacado a los vampiros y que poco tiene que ver con la ciencia es la sexualidad. Los vampiros, aunque estén muertos y den un poco de mal rollo, suelen ser tremendamente seductores. A esto ayudaron mucho Leonardo di Caprio, Brad Pitt y Antonio Banderas, claro, y luego Crepúsculo remató la faena... pero tradicionalmente se les asocia esa hipersexualidad, aunque de forma contradictoria. Para Anne Rice son criaturas asexuadas, mientras que para los creadores de la serie True Blood son codiciados amantes con gran fama en la cama.

¿No hay vampiros feos? ¿Acaso los feos somos inmunes a hacernos vampiros? La ciencia de eso tampoco sabe nada.

Otras lecturas del mito vampírico son aún más inverosímiles. Por ejemplo, en la saga de Crepúsculo no se habla ya de que sean pálidos o que el sol les mate, sino que son pálidos y el sol les hace brillar como si se hubieran echado un bote de purpurina por encima. Tanto en esta saga como en las novelas de Rice, además, la vampirización implica que la víctima queda congelada en el tiempo: nunca más crecerá, ni envejecerá: si uno se convierte en vampiro siendo niño será niño para siempre ¿Acaso no te acuerdas de tus libros de la infancia de 'El pequeño vampiro'? Pues eso Luego, claro, están las consecuencias. No ya para los vampiros, que visto lo visto no sólo no existen, sino que son inverosímiles acorde a nuestros conocimientos científicos actuales, sino para los que se creen vampiros. Siendo que existen un montón de enfermedades que se transmiten por la sangre... ¿te parece una buena idea alimentarte de ella? De hecho alimentarte más bien poco: la sangre transporta oxígeno, pero igual que ingerirla no nos hpermite no respirar, tampoco bebérnosla nos haría estar alimentados.

Piénsalo bien: guapos, inmortales, buenos amantes, sin achaques... Si los vampiros existieran habría plazas vitalicias, y seguro que ninguna sería para nosotros

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