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Por qué es una idiotez matemática esperar a tu alma gemela

Encontrar pareja no es fácil, pero mucho menos fácil es esperar a que exista un alma gemela. Lo dicen las matemáticas

 2. El hijo de la novia: si con la anterior Campanella conquistó el mundo, con esta conquistó nuestros corazones. Rozando continuamente la línea que separa la lágrima de la sonrisa, esta historia de familia, memoria, amor y tradición es de obligado visionado por lo menos una vez al año. Darín es el padre de "una novia" que ha perdido la memoria, y que aún así intentará cumplir el sueño de su marido: Casarse por la iglesia.  También estuvo nominada al Oscar, pero esta vez no pudo ser.
El hijo de la novia, Juan José Campanella, 2001 | Seestrena.com

¿Qué posibilidades hay de que una misma persona escribiera una de las narraciones apocalípticas más escalofriantes y una de las novelas más pastelonas de la historia? Bueno, Richard Matheson existió, y fue la pluma detrás de 'Soy leyenda' (sí, esa que llevó al cine Will Smith) y de 'Más allá de los sueños' (sí, esa que llevó al cine Robin Williams). Pero no hablemos hoy de zombies (eso ya lo hicimos), sino de amor. Vamos a por el pastel.

De hecho, bien mirado, la novela de 'Soy leyenda' daba miedo... pero casi daba más la otra. El argumento era que una mujer, que perdía a sus hijos y marido en sendos accidentes de tráfico, se quita la vida, lo cual la condena a no entrar en el paraíso. Su marido emprende entonces una búsqueda por el cielo y el infierno hasta encontrarla y rescatarla, por aquello de que el amor todo lo puede.

Sí, ya sé que hasta aquí no has encontrado nada terrorífico más allá de la idea de 'morir de amor' son tanto merengue. Lo terrorífico viene ahora: tras recorrerse todo el más allá y lograr reunirse con su mujer, ambos deciden reencarnarse porque están convencidos de que se encontrarán nuevamente en vida ya que son almas gemelas.

A tope de pastel. Pero ahora pensemos. Dejemos aparte lo del paraíso, el infierno, el purgatorio, la reencarnación y demás. Centrémonos en lo de 'almas gemelas' y demos por bueno también que existiera esa mágica conexión que hace que dos personas encajen como anillo al dedo, sólo con ellos, de forma irrenunciable.

Ahora, empecemos con la estadística.

Randall Munroe, ingeniero de robótica de la NASA a quien probablemente conozcas por ser el autor de XKCD, ha publicado un libro titulado '¿Y sí...?' en el que intenta dar respuestas científicas a hipótesis absurdas, de esas comunes que nos planteamos mucho. Por ejemplo, lo del alma gemela.

María Popova extracta parte de ese libro en un artículo en Brain pickings, y las líneas generales son demoledoras.

Primero -y esto no lo dice ella, lo digo yo-: en la obra pastelosa comentada se habla de reencarnarse en cualquier criatura. Humanos somos unos siete mil millones. Insectos se estima que hay unos 10.000 millones por kilómetro cuadrado de media (lo dice la Royal Entomological Society). Ahora suma a eso animales, peces (que son animales, pero para que no se te olviden), microorganismos, plantas...).

Vamos, que encontrar a tu media naranja entre tanta gente es más difícil que ligar en una discoteca de modelos.

Pero la cosa se complica más aún, y ahora sí vamos a Popova y su vaciado del libro de Munroe.

Primera cosa: ese ser 'aleatorio' que tenemos que encontrar para ser felices, ¿cuándo vivió? Porque obviemos lo planteado antes (que te reencarnes en cualquier ser) y vayamos a que buscas a un ser humano... ¿pero de cuándo? Porque hace ya unos cuantos miles de años que los humanos pueblan la Tierra y -suponemos- pasarán otros tantos más hasta que desaparezcamos.

Segunda cosa: obviemos también ese pasado y ese futuro y asumamos que nuestra alma gemela es humana y actual. Pero... ¿será un bebé, o una anciana? ¿hombre o mujer? ¿será homosexual? ¿vivirá cerca o lejos? ¿hablará siquiera tu idioma? ¿será analfabeto o una brillante catedrática?

Aquí entraría una variable social si comparamos ese 'deseo' de un alma gemela con la realidad: solemos enamorarnos de (y acabar con) personas más o menos cercanas o con al menos un referente común (ciudad, lugar de trabajo, centro de estudios, garito de copas...), con intereses comunes (lo que implica una formación similar o, al menos, una afinidad mental), con una edad similar (hay excepciones, pero los extremos son raros) y sólo hay encuentros entre sexualidades compatibles (vaya, te puedes enamorar de una mujer lesbiana, pero chaval, si eres tío lo tienes complicado)

¿Qué quiere decir esto? Que la realidad desmiente al alma gemela: buscamos en lo que tenemos cerca -normalmente- y encontramos lo que nos satisface.

Pero Munroe va más alla con una tercera cosa: el encuentro

La idea básica del 'alma gemela' es el 'flechazo', y eso llega si hay contacto, aunque sea visual. Calcula Munroe que si de media diaria cruzamos miradas con una docena de personas (y tira a la baja), calcula en 50.000 personas 'contactadas' con aproximadamente tu edad, lo que implica que sólo 'contactarías' con aproximadamente el 10% de potenciales almas gemelas (y eso sin contar repeticiones)

Descorazonadora la ilustración, ¿eh? Lo pone aún más complicado: si necesitáramos apenas dos segundos de contacto visual con una persona para detectar o descartar ese 'almagemelismo', necesitaríamos unas tres décadas para poder mirar dos segundos a los ojos a todos los candidatos del mundo. Y eso es ciencia ficción, claro (el poder hacerlo y todo lo referente a lo de las almas gemelas en general).

Y sí, existieron la dama y el vagabundo, la Julia Roberts de 'Pretty woman' y todo lo que quieras. Pero lo más frecuente (y cómodo y estadísticamente realizable) es que nuestra pareja ideal esté bien cerca de nosotros, ya sea en lo físico o en lo mental. El resto, mera cuestión de química.

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