CON UN POCO DE QUÍMICA PLANCHARÁS MEJOR

CON UN POCO DE QUÍMICA PLANCHARÁS MEJOR

Química de andar por casa: estos compuestos te ayudan a planchar la ropa

Además del calor y la humedad, agentes químicos como el formaldehído contribuyen a que las prendas no se arruguen. Porque en realidad los antiestéticos pliegues se deben a la naturaleza de los tejidos de origen vegetal.

Algunos agentes químicos evitan la aparición de arrugas y facilitan el planchado
Algunos agentes químicos evitan la aparición de arrugas y facilitan el planchado | ih/Flickr

¿A quién no le gustaría que la ropa saliese de la lavadora sin una sola arruga? Lamentablemente, las prendas suelen necesitar un buen planchado una vez secas si no queremos llevar un sospechoso ‘look’ acordeón tan poco de moda (de momento). Existen algunos agentes químicos que pueden ayudarnos en la tarea, aunque casi siempre renunciando a la calidad y un tacto suave, y tampoco eso es agradable.

La culpa de que los tejidos adquieran esa rugosa textura hay que echársela a su composición química. Los materiales de origen vegetal como el algodón y el lino proceden de la celulosa, el principal polímero estructural de las plantas.

Esta especie de 'ladrillos biológicos' que dotan de rigidez a las células están compuestos por cientos de moléculas de glucosa unidas a través de enlaces de hidrógeno. Estos puentes químicos hacen que la ropa sea resistente y son muy dinámicos. Así, se rompen y vuelven a formar muy fácilmente, algo que ocurre cuando se generan arrugas: las fibras de los tejidos se unen en cierta posición dando lugar a los pliegues que nos traen de cabeza.

Cuando el agua entra en la ecuación, la cosa se pone aún más fea. Las moléculas del líquido rompen los puentes de hidrógeno al incrustarse entre las de celulosa dentro de los tejidos, haciendo que estas últimas se deslicen libremente unas sobre las otras. Así, la tela mojada se dobla y arruga fácilmente.

Lo malo es que una vez la ropa se seca y las moléculas de agua se han evaporado, vuelven a formarse los enlaces químicos, perpetuando las formas y pliegues que han aparecido durante el lavado.

Las moléculas de agua rompen los enlaces unen las partículas de celulosa y provocan la aparición de arrugas | Kate Mereand-Sinha/Flickr

Químicos que unen

Hasta ahí el problema, ahora la solución. Afortunadamente, la plancha puede ayudarnos a eliminar las dichosas arrugas, porque las altas temperaturas de la superficie metálica junto con la humedad consiguen romper de nuevo los enlaces de hidrógeno. Al aplicar además presión sobre el tejido, obligamos a las moléculas de celulosa a colocarse en línea y paralelas a la tabla de planchar, provocando el efecto de alisado.

Pero existen otras opciones, como utilizar almidón para acabar con los surcos. Se trata de un polímero ramificado capaz de mantener unidas las moléculas de celulosa en una especie de entramado. Las deja así colocadas paralelamente y sin pliegues, aunque quizá con tanta rigidez que puede dejar la ropa demasiado tiesa. Como el compuesto es soluble en agua, la única opción es añadirlo después del planchado para perpetuar el efecto.

Otra de las alternativas es el uso de otro aliado químico, el formaldehído. El hallazgo se remonta a la década de los '50, cuando Ruth Rogar Benerito, investigadora en el Departamento de Agricultura estadounidense, encontró una forma de conseguir tejidos libres de arrugas, en los que los enlaces de hidrógeno eran sustituidos por otro tipo de uniones resistentes al agua gracias a dicho compuesto.

Formaldehído y dimetiloldihidroxietilenurea

La idea de Benerito se basaba en el uso de formaldehído para impermeabilizar la tela y mantener las moléculas de celulosa unidas permanentemente, impidiendo que se deslicen unas sobre otras y, por tanto, que se formen arrugas. Sin embargo, este compuesto elimina la elasticidad natural de la ropa, dejándola reseca y con un olor desagradable, además de provocar abundantes reacciones alérgicas.

En 1992, los científicos desarrollaron un tratamiento mejorado, eliminando casi totalmente la necesidad de utilizar formaldehído. El compuesto ha sido sustituido por otro tipo de agentes reticulantes –unen los polímeros formando una retícula tridimensional–, como la (ojo) dimetiloldihidroxietilenurea. Aunque convierte las camisas en prendas antiarrugas, les da una consistencia similar al plástico que no es demasiado agradable. Además, puede producir pequeñas cantidades de formaldehído, que además de los problemas mencionados antes, puede irritar la piel.

Así las cosas, existen distintos químicos que pueden ayudarte en la tarea, pero de momento ninguno es el definitivo. En vista de que la química no es la panacea, esperemos que algún día se inventen planchas inteligentes que hagan automáticamente su trabajo.

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