¿SABÍAS QUE EL COYOTE ES MÁS RÁPIDO QUE EL CORRECAMINOS?

¿SABÍAS QUE EL COYOTE ES MÁS RÁPIDO QUE EL CORRECAMINOS?

Nueve mentiras que nos contaron los dibujos animados

Ni el coyote es tan lento, ni las orejas de los elefantes son para volar (ni para oír), ni puede haber anguilas eléctricas en el mar. Los dibujos animados son una fábrica de fantasías… y también de cosas ilógicas

Demonio de Tasmania
Demonio de Tasmania | Wikimedia Commons

Los dibujos animados son ficción pura, donde objetos inanimados cobran vida de forma mágica y los animales son humanizados en una prosopopeya gigante. En función de los mitos y creencias se han dado roles a las diferentes especies -como al lobo, pobre demonio- y, en general, se dota de rasgos físicos irreales: cuadrúpedos a dos patas, animales que hablan, comportamientos sociales inexistentes y dietas imposibles.

Estos son algunos de los dibujos animados que nos enseñaron cosas que no existen

Timón, Pumba y la marginación

Cuando Simba, el cachorro de león, huye tras la muerte de su padre en 'El Rey león' le acogen dos curiosos compañeros de viaje. Timón, una suricata, y Pumba, un facóquero. Ambos, marginados por sus semejantes, conviven con el cachorro hasta su madurez sexual en un pasaje de la historia lleno de contradicciones.

Por ejemplo, ninguno de los tres hubiera sobrevivido en solitario, y menos de esa forma. Fundamentalmente porque en la zona donde habitan los tres hay infinidad de predadores, pero es que además son animales sociales. La suricata, por ejemplo, basa su estrategia de defensa en la vigilancia colectiva y en un sistema de alarma con su comunidad. El león es cierto que se separa de su grupo, pero no en la infancia sino precisamente en el despertar sexual, y lo hace para buscar su territorio y formar una nueva comunidad.

No son las únicas contradicciones del pasaje. Sí es cierto que las suricatas son insectívoras, pero los facóqueros no... y mucho menos los leones, que son abiertamente carnívoros. De hecho, ¿sabes cuál es una de sus presas frecuentes? El pobre facóquero que aquí hace de compañero de viaje.

El coyote más lento del mundo

Una de las fábulas más repetidas en los dibujos es la del depredador frustrado: alguien no directamente malo pero temible que jamás logra alcanzar a su presa. Pasa con gatos y ratones, por ejemplo, pero también con un dúo más exótico: el coyote y el correcaminos.

El coyote, cuyo nombre viene de "perro ladrador"es un ágil cánido que puede alcanzar en carrera velocidades de hasta 60 kilómetros por hora en franjas cortas. El correcaminos por su parte es un pájaro mucho menos esbelto que en los dibujos que, aunque es un buen velocista para ser un pájaro, no tendría ninguna oportunidad de supervivencia en una carrera: con suerte alcanza los 30 kilómetros por hora. Eso sí, sabe hacer quiebros para zafarse de sus perseguidores.

Al coyote, además, no es que le encante cazar aves, de hecho prefiere otras presas, pero es que además es omnívoro, no haciendo ascos a otro tipo de alimentos. Dicho de otra forma, de obsesionarse con la presa más bien poco.

Por cierto, el 'Geococcyx californianus' (que es el nombre científico del pájaro en cuestión) sí puede volar o planear, aunque sea en distancias cortas

Nemo y las anémonas

¿Te has fijado que, en castellano, el nombre del pez más famoso de los dibujos animados se parece mucho al de su huésped? Porque ese lugar donde viven los peces payaso de la película es un ser vivo, una anémona cuyos tentáculos en la vida real paralizan gracias a unas toxinas venenosas.

Sin embargo, los peces payaso no son inmunes a ese veneno. Lo que sucede es que al nacer están cubiertos por una sustancia que hace que resbalen las toxinas, absorbiéndose sólo una pequeña parte que sí les afecta pero pueden tolerar. Con el tiempo su sistema va inmunizándose al efecto del veneno, momento en el cual la sustancia que les recubre desaparece. Obviamente el vivir en una anémona es un mecanismo de defensa y de alimentación.

En otro pasaje de la película, sin embargo, el padre de Nemo recorre con otro pez un banco de medusas y, ya sea por su habilidad nadando o porque se le presupone el ser inmune a sus toxinas, éstas no le afectan (no así al otro pez, que sufre heridas y laceraciones). En realidad las medusas, en función de su especie, inyectan otro veneno de tipo urticante que es distinto al de las anémonas, así que el lograr inmunizarse de una sustancia no tendría que significar el ser inmune a otra.

Sonic: o rodar o correr

El campo de los videojuegos también da mucho de sí. Durante un tiempo dos compañías, Nintendo y Sony, se disputaban el mercado con dos protagonistas muy diferentes para un tipo de juegos, el de las plataformas, muy similares. Los primeros tenían como protagonista a un hábil fontanero italiano y los segundos a un veloz erizo azul.

En la vida real los erizos no son obviamente azules, ni bípedos, ni estilizados, ni llevan botas rojas... ni desde luego corren que se las pelan.

Los erizos tienen un sistema de defensa clásico, que es el hacerse una bola con las púas hacia fuera para repeler ataques, pero no ruedan. Sencillamente se quedan quietos a esperar a que su atancante desista de su empeño. Algunas especies, sin embargo, son más ligeros y hábiles, y prefieren huir corriendo en lugar de enrollarse y esperar.

Sin embargo, ni de lejos corren tanto como Sonic... y tampoco se acompañan de un pequeño zorro más pequeño incluso que ellos. De hecho, el zorro es uno de sus depredadores en algunas zonas de su hábitat.

Nadie compra la piel del dálmata

Uno de los cuentos clásicos de la fantasía infantil, que más tarde se llevó a la pantalla con una versión animada, es la de los '101 dálmatas'. En ella una excéntrica millonaria compra o roba cachorros de dálmata para hacerse un abrigo con su piel.

En la vida real, además de que es improbable que una hembra dálmata pueda dar a luz a quince cachorros (suelen engendrar camadas de unos cinco o seis), resulta más raro aún que estén en riesgo para usar su piel para hacer ropa.

Una cosa es que alguien quiera hacerse una chaqueta con piel de algún animal, otra cosa es que su piel sirva para tal fin. De hecho, como raza de pelo corto, resultaría particularmente complicado poder desollar a un dálmata y usar su pelaje para tal fin.

Dos perros muy distintos

La animación ha alumbrado a un montón de perros: desde los 101 arriba citados (y sus compañeros de avneturas), a los de 'La dama y el vagabundo', por poner dos ejemplos. Pero todos esos tienen una línea común: son perros con características físicas propias de su raza, pero con comportamientos e inteligencia típicos de los humanos. Así, hablan, piensan y actúan de forma netamente humana.

Pero en el caso de los dos perros más famosos de Disney las cosa es bien distinta. Primero llegó Goofy, que está totalmente antropomorfizado: camina a dos patas, viste ropa (incluso gorra) y actúa como un humano. Después de él llegó Pluto, que actúa como un perro y, de hecho, no habla aunque tiene un amplio muestrario de expresiones faciales.

Lo curioso de la historia es que Pluto era en origen el perro de Goofy, el perro de un perro que no parece un perro. Aunque, puestos a ver cosas raras, más curioso es que sea el perro de un ratón como Mickey Mouse y que este sea, además, de mayor tamaño que él.

Las anguilas imposibles de la Sirenita

En la película más famosa de la Sirenita, la original, una pareja de morenas son las mascotas de la malvada Úrsula. A pesar de su color oscuro, por su complexión física se les identifica con anguilas, aunque realmente serían morenas de la especie 'Gymnothorax funebris', conocidas como 'morenas verdes', de colores más brillantes.

Esa diferencia cromática no es la única llamativa: en la cinta tienen un ojo de color amarillo brillante con el que están conectados a su dueña, algo obviamente imposible (la conexión), pero también irreal (la pigmentación ocular diferenciada).

En esa cinta quizá no, pero en su precuela ('Los orígenes de Ariel') hacen mención a otros seres similares, pero que identifican como anguilas eléctricas pertenecientes también a la mala de la película, llamada Marina. El problema es que las anguilas eléctricas, 'Electrophorus electricus', son fluviales, y se localizan en las cuencas del Amazonas y el Orinoco... un poco lejos de los dominios de las sirenas de la ficción.

Por cierto, una curiosidad añadida: el nombre de las morenas originales es Flotsam y Jetsam, vocablos técnicos de la legislación naval para hacer referencia a cargas perdidas o lanzadas al mar

Dumbo pasaría frío

Es obvio que los elefantes no vuelan, por más que cojan una pluma con la trompa. De hecho, tampoco llevan poncho ni sombrero y, por fortuna, viven fuera de los circos. Pero la fábula de Disney -bien dramática, por cierto- se centraba en una peculiaridad física que sí es real: el desmedido tamaño de las orejas de los elefantes.

Lo que cuenta la película es que gracias a su tamaño el protagonista puede planear, pero la realidad es bien distinta: los elefantes no pueden mover la totalidad de las orejas debido a su tamaño y, a diferencia de la función de la mayoría de animales, a ellos no les sirven sólo para oír.

El enorme tamaño que tienen cumple una función termorreguladora. Es decir, la sangre de los elefantes se enfría al pasar por las orejas debido a su enorme superficie, lo que hace que vuelva más fresca a fluir por el resto del cuerpo, aligerando la carga térmica y permitiéndoles sobrevivir en ambientes tan cálidos como los de sus hábitats

Demonio de Tasmania

Mucho ojito con los 'Sarcophilus harrisii', que sería el nombre científico del hiperactivo Taz de los Looney Tunes. Se trata del mayor marsupial carnívoro que existe, con un tamaño similar al de un perro pequeño, y es de una agresividad pasmosa.

Es veloz, sabe trepar o nadar, tiene un rugido aterrador y es poseedor de un inquietante récord, el de la mordida más potente por unidad de masa corporal de todo el planeta. Dicho de otra forma: para lo pequeño que es, es el que más fuerte muerde... y no veas los dientes.

Su boca es grande, pero no tanto como el de los dibujos, y desde luego no tan amistoso. Ni mucho menos es bípedo, y más bien negro que marrón. El 'demonio' tiene un nombre bien merecido por la impulsividad de su actividad, especialmente en lo sexual: copula de forma frenética, y no con una sola pareja.

La parte mala: que es una especie amenazada que únicamente se conserva en estado salvaje al sur de Australia. Al menos los dibujos han hecho algo por popularizar su nombre... y limpiar su reputación.

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