EL ÉXITO ACABA CON LA NECESIDAD DE INNOVACIÓN

EL ÉXITO ACABA CON LA NECESIDAD DE INNOVACIÓN

Por qué puede ser bueno arriesgarse explicado con hormigas, ajedrez y Guardiola

Las hormigas marcan un camino seguro con un rastro de feromonas que las demás siguen. Es lo que pasa con el éxito: cuando algo funciona los demás lo imitan hasta que se dejan de contemplar otras posibilidades.

Pep Guardiola
Pep Guardiola | Getty Images

Cuando Guardiola hacía que el portero pasara el balón con la mano a un defensa para arrancar la jugada parecía un genio. Lo normal es chutar lejos, evitar la presión y -corriendo el riesgo de perderla en medio campo- ganar metros para montar un ataque. Pero Guardiola no creía en el patadón. Él prefería sacarla jugada desde atrás, confiando en que los delanterios y medios rivales irían a presionar, abrirían huecos en el centro del campo y sería así más fácil ir hilvanando la jugada, pase a pase, toque a toque, para llegar a la portería minimizando riesgos, con el balón siempre en los pies.

El Barça de esos años era una máquina de picar carne. No sólo ganó todo lo ganable, sino que enamoró por su juego, por lo que transmitía y por haberlo conseguido apoyándose en la casa, en la cantera, aun teniendo que 'importarla' de clubs extranjeros.

En la naturaleza a veces suceden cosas similares: a base de prueba y error se depuran elecciones exitosas, tendiendo a primar sobre las demás. Es el caso de las hormigas, que emanan una feromona al desplazarse. Aquellas que encuentran una ruta segura que consigue llegar al destino, emiten una feromona más intensa que hace que sus hermanas sigan su misma ruta. El objetivo es trazar para todas una ruta segura y obviar otras más peligrosas. Por eso ves a las hormigas caminando en línea.

¿Qué tiene esto de malo? En apariencia nada: aseguras un camino, una forma de jugar. El problema es que los rivales pueden aprenderlo.

Años después de aquel Barça que enamoraba, el Bayern de Munich, el equipo más temible de Europa, perdía de paliza en las semifinales de Champios con el Real Madrid cuando el año anterior, aún sin Guardiola, lo había ganado todo. El problema: que el entrenador había impuesto su sistema de una forma tan fuerte que eran incapaces de dar un patadón al balón aunque fuera para centrar al área y aprovechar el peligro que tenía el juego aéreo. Guardiola murió con las botas puestas, creyendo en su sistema porque antes había funcionado... pero dejó de funcionar.

El éxito implica replicación: como con las hormigas, cuando se consigue algo, se tiende a imitar. Y, al final, deja de funcionar ¿Qué sucede si algo interrumpe el camino bruscamente? Decenas de hormigas morirán, porque seguirán al 'líder' por el camino marcado, convencidas de que lleva al éxito, aunque les condujera a la muerte.

Algo así es lo que probaron un par de investigadores tomando el ejemplo de las hormigas y las feromonas, pero convirtiendo esa conducta en un algoritmo. El escenario fue un tablero de ajedrez, sobre el que usaron uno de los problemas matemáticos más célebres, el de lograr con un caballo recorrer todas las casillas del tablero sin repetir ninguna (un ejemplo de grafo hamiltoniano, como hay otros)

¿Cómo haría una hormiga para resolver eso? Las hormigas, por lo general, son muy capaces de resolver ese tipo de enigmas a base de prueba-error, y ese tipo de estrategia acaba teniendo un montón de aplicaciones para nosotros, como por ejemplo en la computación

Lo que encontraron es que para el problema matemático hay millones de combinaciones posibles, todas ellas adecuadas. Las hormigas empezarían a probar y, en cuanto una consiguera la ruta adecuada, el resto empezarían a repetirla hasta reducir todas las opciones a una sola -salvo que haya hormigas zombie entre ellas-. De millones de posibilidades de éxito a una sola.

Cuidado, hormigas: Guardiola marcó época pero tendrá que innovar si no quiere volver a morir con sus córners al pie. Por eso no siempre conviene repetir lo que otros hicieron antes, aunque les fuera bien

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