INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL EN UNA PLAYA DE TARRAGONA

INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL EN UNA PLAYA DE TARRAGONA

Recoger conchas muertas de la playa puede ser una amenaza para el medio ambiente

Una investigación internacional focalicada en la Platja Llarga de Tarragona alerta sobre el enorme impacto que puede tener para el ecosistema marino algo tan inocente como coger las conchas de la arena.

Donax trunculus, nombre común de las coquinas o tellinas
Donax trunculus, nombre común de las coquinas o tellinas | Wikipedia

Todos dañamos al medio ambiente de alguna forma. Lo hacemos yendo en coche, reciclando mal, consumiendo recursos energéticos o usando materiales nocivos. Lo que posiblemente no sabías es que si has hecho alguna vez algo tan aparentemente inofensivo como coger conchas de la playa, también estás dañando al entorno. Suena a broma, pero no lo es: según los expertos es una amenaza seria de la que no se han calculado las consecuencias.

En un estudio publicado en PLoS One, Michał Kowalewski, de la Universidad de Florida, y Jordi M. Rosa, de la Universidad de Barcelona, sostienen que la influencia humana está esquilmando las playas de conchas, especialmente cuando intervienen dos factores: que la zona sea turística, lo que multiplica el efecto humano, y que las conchas de la zona sean bonitas. Lo malo es que no hace falta que no se cumplan ninguna de las dos variables para comprobar su hipótesis.

Por eso centraron sus averiguaciones en la Platja Llarga de Tarragona, una zona no especialmente turística en un entorno muy turístico, y con tres variedades de conchas predominantes que no son precisamente bonitas. Para analizar el impacto humano en la zona contaron el número de conchas cada día en varios periodos de tiempo, y compararon esas mediciones actuales -hechas entre 2008 y 2010- con otras anteriores -hechas entre 1978 y 1981-

El resultado: quedan muchísimas menos conchas actualmente, pero la proporción se desploma en los meses cálidos, en los que los humanos estamos en la playa, lo que descarta que sea la propia naturaleza (oleaje, temperatura, aves...) la que actúe sobre el censo de conchas.

Vale: en 30 años hay muchas menos conchas, especialmente los meses de verano. ¿Y bien?

No se conocen bien las consecuencias exactas de esto, porque según alertan los autores del estudio es una de las problemáticas que amenazan al litoral costero que menos seguimiento ha tenido, pero sí se pueden aventurar algunas: aumenta la erosión de la zona, los microorganismos de la arena pierden alimento, las especies marinas de menor tamaño pierden posibles escondites o medios de vida, se reduce la presencia de algunas especies de plantas y animales marinos y se reduce la proporción de carbonato de calcio.

Vete preparando: igual en breve vemos carteles en las playas prohibiendo la recolección de conchas para decoración. Los veranos, claro, ya no serán igual.

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