NUESTROS OJOS COMPARTEN GENES Y EVOLUCIÓN

NUESTROS OJOS COMPARTEN GENES Y EVOLUCIÓN

Tienes los ojos tan bonitos como una sepia

Estudios demuestran que un solo gen es el responsable del desarrollo de múltiples tipos de ojos en muchas especies diferentes. Pero, además, otro estudio explica porqué nuestros ojos son, de hecho, muy similares a los de las sepias.

Sepia común
Sepia común | Wikipedia

Aunque conozcas a gente que sea una auténtica sepia (en sentido figurado) tenemos más bien poco que ver con ellas (en sentido literal). De hecho, el último vínculo que tuvimos como especies se remonta a unos 500 millones de años atrás, cuando ninguna de ambas existía como tal y el planeta era radicalmente distinto a como es ahora.

Sin embargo sí tenemos cosas en común. Por ejemplo, los ojos.

De hecho, en lo que respecta a los ojos tenemos un vínculo común con muchísimas especies de animales: tenemos el mismo jefe de obras. Se llama Pax-6 y es un gen de control maestro, es decir, un gen encargado de coordinar el trabajo separado de diversos genes en el desarrollo de algo.

Por explicarlo mejor: cualquier órgano de nuestro cuerpo es consecuencia del trabajo de diversos genes, haciendo cada uno de ellos algo en concreto. El trabajo de Pax-6 es como el de los jubilados en las obras, pero en útil: su trabajo consiste en hacer que los otros genes trabajen de forma coordinada y depositen sus obras en el lugar y el momento adecuado para, entre todos, hacer algo. En este caso, un ojo.

La cuestión es que ese ‘gen capataz’ está detrás de un montón de ojos diversos en el reino animal, pero que hay ojos que son similares a pesar de las diferencias entre sus dueños. Y ese es el caso de las sepias y los humanos.

Ahí entra en juego un segundo factor, recogido en un estudio, y que más que con el ADN tiene que ver con el ARN, un código genético que se ‘reescribe’ en el proceso de formación y que permite, en lo que atañe a Pax-6, que dos tipos diferentes de órdenes se deriven de ese mismo gen. Y eso nuevamente pasa en los humanos, pero también en las sepias.

Si la evolución ha hecho que de un sencillo organismo celular hayan devenido miles de especies diversas, también ha hecho que ramas separadas de ese árbol coincidan en puntos millones de años después. Y eso a pesar de que las necesidades y los entornos de humanos y sepias no podrían ser más diferentes. Sólo hay que tener ojos para verlo…

 

 

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