DE ERRORES SE APRENDE

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De la consola de Nokia al TwitterPeek: bienvenido al bochornoso Museo del Fracaso

En las vitrinas de este nuevo museo sueco se ven fracasos por todos conocidos, como el Apple Newton, el Betamax o la Nokia N-Gage, pero también otros como el ratón que leía códigos de barras, el TwitterPeek (un dispositivo para leer y mandar tuits) o una máscara para rejuvenecer la piel a base de descargas eléctricas.

Samuel West, responsable del Museo del Fracaso
Samuel West, responsable del Museo del Fracaso | Museo del Fracaso

La innovación es la clave del éxito en tecnología pero tiene una segunda cara, menos amable pero mucho más cotidiana, que es el fracaso. Aunque algunos procuran ocultarlo, otros son conscientes de que forma parte del aprendizaje, del camino al éxito. Es el caso del antiguo psicólogo y consultor Samuel West, que un día tuvo su momento de inspiración al visitar en Zagreb el Museo de las Relaciones Rotas.

Contemplando esa particular exposición de amor frustrado, West pensó que las lecciones sobre innovación que trataba de impartir en las empresas para las que trabajaba serían más amenas si las presentaba con un toque de humor. Así, se le ocurrió crear lo que ahora es su proyecto más apasionante: el Museo del Fracaso de Helsingborg, una ciudad de poco más de cien mil habitantes en la costa sur de Suecia.

En sus vitrinas se exhiben 70 productos fracasados de todo tipo, desde una bicicleta de plástico que no era capaz de sostener a su pasajero hasta un juego de mesa protagonizado por un joven y ya multimillonario Donald Trump, pasando por la infame lasaña de Colgate. Pero también, y sobre todo, hay fiascos de la industria tecnológica que nos demuestran que no es oro todo lo que reluce en Silicon Valley (aunque a veces nos cueste recordarlo). Estos son algunos ejemplos.

Cue Cat

No es un lector de códigos de barras. No es un ratón. Tampoco es, desde luego, Superman: es más bien una mala idea que alguien tuvo para navegar por la Red. Los planes de tal iluminado consistían en que los usuarios pudiéramos abrir enlaces de internet escaneando un código de barras que podía estar en cualquier parte, desde una revista hasta un folleto. Una especie de predecesor de los tampoco muy aclamados códigos QR.

CueCat | Wikipedia

TwitterPeek

Un dispositivo con pinta de calculadora algo grande que servía únicamente para recibir y mandar tuits. Ese era el concepto detrás de este cacharro que vio la luz en 2009, cuando Twitter todavía era una empresa recién nacida con un prometedor porvenir. ¿El problema? Que poca gente estaba dispuesta a gastar 200 dólares en un aparatejo que solo servía para ver mensajes de 140 caracteres.

TwitterPeek | Agencias

Nokia N-Gage

El intento frustrado de Nokia, reina de los móviles en los '90, por competir con Nintendo y su famosa Game Boy. Mitad teléfono medianamente inteligente, mitad videoconsola con la peor disposición de botones que recuerdan los ‘gamers’, este artefacto fue incapaz de contentar a nadie y duró muy poco en el mercado (de 2003 a 2005).

Tras un segundo intento igual de poco exitoso en 2004 -la N-Gage QD- la marca desapareció para siempre.

Nokia N-Gage | Wikipedia

Kodak Digital Camera (DC40)

No es que este producto fracasara como tal, pero sí marcó el inicio de un descenso en caída libre para la otrora reina de la fotografía. Cuando esta cámara vio la luz en 1995 fue de las primeras digitales, pero ahí acabó la apuesta de Kodak por el futuro. La compañía fue incapaz de ver la relevancia que tendrían los smartphones y las redes sociales para la fotografía y se acabó declarando en bancarrota en 2012, casi al tiempo que Instagram era comprada por Facebook.

Kodak Digital Camera (DC40) | Flickr

Sony Betamax

El formato que perdió la guerra del vídeo contra el VHS es uno de los ejemplos más clásicos de fiasco por parte de una tecnológica. Aunque en muchos sentidos era objetivamente mejor (más rápida, mejor calidad de imagen…), fue incapaz de hacerse un hueco en el mercado -sobre todo el del alquiler-. Sin embargo, Sony siguió fabricando reproductores de Betamax hasta 2012 y no acabó con las cintas hasta 2016.

Sony Betamax | Wikipedia

Blockbuster

La cadena de videoclubs que tuvo la oportunidad de comprar Netflix. He ahí el error fatal que le costó la supervivencia. Todos hemos tenido un establecimiento de esta marca relativamente cerca de casa... y a todos se nos ha olvidado que existía. Cerraron en 2010.

Blockbuster | Wikipedia

Lego Fiber Optics

En realidad la supuesta fibra óptica de estos Lego no eran más que tubos de plástico conectados a un paquete de leds, pero fabricar esas partes costaba más dinero del que se cobraba después por el propio dispositivo. Un fiasco.

Lego Fiber Optics | Wikipedia

Apple Newton

Quizá el mayor fiasco de la manzana mordida, aunque la percepción cambia si se entiende como un paso necesario hacia los posteriores iPhone y iPad. Su promesa incumplida de reconocer la letra del usuario y su elevado precio (más de 1.000 euros si tenemos en cuenta la inflación) fueron las causas de que no pudiera competir con la Palm Pilot, la estrella por aquel entonces en el apartado de las PDA.

Apple Newton | Wikipedia

Google Glass

Aunque todavía no está claro si están muertas o sólo de parranda, las gafas de realidad aumentada de Google son un ejemplo claro de fiasco, al menos en lo que respecta a la gestión de expectativas.

Se les dio un bombo desproporcionado que nunca se ajustó a la realidad y, seguramente por eso, jamás pasaron de la fase de prueba para desarrolladores. ¿Volverán a la carga algún día?

Las Google Glass miran al infinito pensando en su futuro | Agencias

Segway

Llegó para ser el futuro del transporte y se quedó en un caro juguete que tan sólo vemos por la calle cuando los turistas son muy vagos como para recorrer andando una ciudad.

Segway | Wikimedia

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