iPHONE PRIMERO Y ANDROID DESPUÉS SE COMIERON SU TOSTADA

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Los cinco imperdonables errores que condenaron a BlackBerry

No supieron anticipar las necesidades de la gente ni la amenaza del iPhone y Android. Mientras los usuarios pedían pantallas táctiles y aplicaciones, ellos seguían ofreciendo teclados y una conectividad rudimentaria. Cuando quisieron corregir su rumbo, ya era demasiado tarde.

Una BlackBerry destrozada
Una BlackBerry destrozada | Fuente: Matthew Hurst en Flickr

Casi 1.000 millones de dólares en pérdidas, 4.500 despidos y un dato horrible: en el segundo trimestre del año, BlackBerry vendió menos de seis millones de 'smartphones', una cifra que palidece ante los nueve millones de terminales que Apple vendió en solo tres días tras el lanzamiento de los iPhone 5S y 5C. No es de extrañar que la firma canadiense dé por perdido el bolsillo de los usuarios y prefiera emplear las pocas fuerzas que le quedan en satisfacer a las empresas, únicos clientes que aún podría retener (a duras penas) de cara al futuro.

De todas formas, las cosas pintan muy mal para la compañía, que recientemente anunció un principio de acuerdo para su venta a un consorcio liderado por Fairfax Financial Holdings por 4.700 millones de dólares. Son muchas las dudas que ha suscitado esta operación. En primer lugar, porque Fairfax ya es uno de los principales accionistas de BlackBerry y hay quien sospecha que su oferta no es real, sino tan solo un intento de atraer a otros posibles compradores para colocar su 10% de la empresa.

Además, si la compra finalmente se produce, lo más probable es que el consorcio decida vender por partes la compañía, que aún cuenta con varios elementos valiosos: su cartera de patentes, su servicio de mensajería instantánea, su tecnología de seguridad... Sería el fin de la antigua RIM, ahora conocida como BlackBerry en honor al dispositivo que introdujo el 'always on' (siempre conectado) y reinó en los albores del segundo milenio.

Aunque a menudo se nos olvida, les debemos mucho. Gracias a ellos ya no utilizamos el teclado numérico para introducir textos en el móvil, llevamos el email en la palma de la mano y tenemos en la mensajería instantánea una alternativa gratuita a los SMS. Todos estos avances son cosa suya. Desafortunadamente, algo cambió en el año 2007.

Infravaloraron el impacto del iPhone y Android

Según cuentan, Mike Lazaridis estaba en su casa, ejercitándose en su cinta de correr, cuando vio por primera vez el iPhone en la tele. Había algo en aquel nuevo dispositivo que no le cuadraba. Era como si Apple hubiera metido un Mac dentro de un móvil. No tenía sentido. Dos procesadores en lugar de uno, navegador con pleno acceso a internet... Aquello no era precisamente un Nokia.

Era muy potente, pero tenía grandes desventajas y no iba a calar entre los usuarios. Al menos eso era lo que decían en público: la batería duraba menos que la de BlackBerry, no era tan seguro y carecía de correo electrónico (por aquel entonces). Menuda patraña de invento. Pero, por si acaso, decidieron aceptar la oferta de Verizon, que prometía respaldar con una descomunal campaña de marketing el lanzamiento de un terminal táctil capaz de eclipsar al iPhone, que se vendía en exclusiva con AT&T.

De este acuerdo nació BlackBerry Storm, el proyecto más ambicioso de la compañía canadiense hasta la fecha, que salió al mercado a finales de 2008. Llegó tarde y, además, tuvo una pésima acogida. El dispositivo era lento, se colgaba y la pantalla táctil respondía a duras penas. Fue el primer gran fracaso de RIM y no solo no sirvió para plantar cara al iPhone sino que, de carambola, propició además el despegue de Android.

Tras el fiasco de Storm, Verizon decidió buscarse un nuevo socio y se fijó en Google, que aún daba sus primeros pasos con su sistema operativo para móviles. Juntas lanzaron la agresiva campaña 'iDon't' para hacer frente al buque insignia de Apple:

No obstante, Android no hizo demasiado daño a la firma de la manzana mordida en sus primeros años, sino que más bien se fue comiendo la parte del pastel que correspondía a los viejos gigantes: Palm, Microsoft y sus Windows Mobile... y RIM. En solo un año, entre 2009 y 2010, el ecosistema del robot verde pasó de un 5,2% de cuota de mercado a un alucinante 23,5% en los Estados Unidos. Mientras tanto, el fabricante de BlackBerry caía diez puntos porcentuales, aunque mantenía su dominio con un 31,6%. Sería en 2011 cuando las tornas cambiasen de forma definitiva, con Android aglutinando el 47,3% del mercado frente a un mermado 16% de RIM. Ya nada volvería a ser lo mismo.

No supieron convencer a los usuarios

RIM subestimó el potencial de iPhone y Android por una sencilla razón: no parecían dignos contendientes en la lucha por el mercado corporativo, aquellos empresarios a los que BlackBerry debía casi toda su fortuna de los tiempos en que todo tiburón de Wall Street llevaba una en su bolsillo. ¿Qué empresa iba a apostar por esos teléfonos sin teclado, poco seguros y llenos de distracciones que amenazaban la productividad?

Más tarde se demostraría que ni siquiera en esto llevaban razón, pero ese no fue el mayor de sus errores. Los responsables de RIM no supieron ver que los protagonistas de la revolución de los 'smartphones' serían los usuarios, no las empresas, y ahí está el origen de su debacle. La gente pedía pantallas táctiles, procesadores potentes, capacidades multimedia y 'apps', miles de 'apps'. Pero ellos no escucharon.

Los canadienses estaban convencidos de que, tarde o temprano, la moda se pasaría y la gente se percataría de su error. Querían un navegador rápido, pero no se daban cuenta de que el consumo de datos dispararía su factura de teléfono. Querían pantallas gigantes y táctiles, pero no eran conscientes de lo rápido que descargaban la batería. Era cuestión de tiempo que lo entendieran y echaran mano de sus robustas, fiables e incombustibles BlackBerry. Así que esperaron... Esperaron tanto que se quedaron completamente descolgados.

Trataron de reengancharse tarde y mal

La realidad es muy tozuda y al final RIM tuvo que asumir su derrota, poner rumbo hacia un futuro que ya era presente y subirse a un barco que ya había zarpado. A finales del pasado año, los directivos de la firma canadiense se sentaron para debatir el lanzamiento de BlackBerry Z10, el primer 'smartphone' de la marca pensado para satisfacer las expectativas del consumidor moderno.

Pero no todos estaban de acuerdo con la estrategia. De hecho, Mike Lazaridis, cofundador de la empresa, se oponía frontalmente. Si el mercado de los dispositivos táctiles ya estaba saturado, ¿qué sentido tenía lanzar un móvil idéntico a los de la competencia? ¿Por qué no aferrarse a la seña de identidad de la marca y apelar a los amantes del teclado?

Finalmente, el teléfono salió a la venta en enero. No tuvo mala crítica, pero la sensación general entre los usuarios fue que no aportaba nada. Cero innovación. Era prácticamente lo mismo que Apple y Samsung llevaban más de un año vendiendo. Con una diferencia: no tenía ni de lejos la misma oferta de aplicaciones.

Perdieron el apoyo de los desarrolladores

Hoy en día, la estrecha línea entre el éxito y el fracaso de un sistema operativo la dibujan las aplicaciones. ¿Para qué me sirve un procesador de cuatro núcleos con 2GB de RAM y una cámara de 8 megapíxeles si no puedo jugar a Candy Crush, buscar direcciones en Google Maps o subir a Instagram fotos de lo que he desayunado? En la práctica, para nada, y eso es lo que ha dado la puntilla a la ya malherida BlackBerry.

Lo cierto es que se lo han ganado a pulso. Con el lanzamiento de BlackBerry 10 dejaron a los desarrolladores en la estacada. Después de haber destinado importantes recursos a programar sus 'apps' con el antiguo sistema (basado en Java y mucho más complicado que el de iOS o Android), les anunciaron que tendrían que reescribirlas por completo para la nueva versión. Nada de adaptaciones. Teniendo en cuenta el irrelevante papel que juegan los canadienses en el actual mercado de los 'smartphones', pocos se tomaron la molestia.

Como consecuencia, el mercado de aplicaciones de BlackBerry está falto de programas de calidad y copado por unos pocos desarrolladores ventajistas. De hecho, una sola empresa, la hongkonesa S4BB, es la creadora del 40% de las 'apps' para este sistema operativo, muchas de las cuales tienen una utilidad cuestionable o son poco más que clones.

Y acabaron perdiendo hasta a las empresas

Pese a ser los más fieles, los clientes corporativos también han ido abandonando progresivamente los terminales de la antigua RIM, en gran parte por el empuje de sus empleados. Llegó un momento en que la expansión del iPhone y los dispositivos con Android era tal que los trabajadores preferían llevar su propio móvil a la oficina que utilizar la BlackBerry de la empresa.

Así nació la filosofía conocida como BYOD ('bring your own device', que en español significa 'trae tu propio dispositivo'), que resulta más rentable para las compañías (se ahorran el coste del teléfono y solo pagan parte de la factura) y se ha acabado por imponer en la mayoría de los centros de trabajo.

Además, BlackBerry ha ido perdiendo el monopolio de los valores que la convirtieron en una herramienta ideal para el entorno profesional (correo electrónico, seguridad, productividad...). En este sentido, el gran apagón de 2011 fue un durísimo golpe a su credibilidad del que nunca terminará de recuperarse.

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