EL DUEÑO DE RAKUTEN HA INVERTIDO EN VIVER, BUY.COM, PINTEREST…

EL DUEÑO DE RAKUTEN HA INVERTIDO EN VIVER, BUY.COM, PINTEREST…

Hiroshi Mikitani: el magnate tecnológico japonés sale de compras

Un insualmente joven empresario nipón revoluciona el comercio electrónico de su país expandiendo su multimillonario negocio fuera de sus fronteras. Es el dueño de Rakuten, que se ha hecho con Viber o Buy.com, ha invertido en Pinterest y ha entrado en el mercado español comprando Wuaki.tv

Hiroshi Mikitami, CEO de Rakuten
Hiroshi Mikitami, CEO de Rakuten | Wikipedia

Su nombre no te sonará de nada, ni tampoco su cara. Aunque leas que es japonés, que acaba de cumplir 50 años y que se dedica a la tecnología, tampoco le tendrás localizado. Pero quizá te suene más la compañía que ha levantado y que le ha convertido en una de las figuras emergentes en el panorama tecnológico actual: es el CEO de Rakuten.

¿Nada? ¿Tampoco te suena? Debería: acaba de comprar por 900 millones de dólares Viber, la app de mensajería con 225 millones de usuarios, casi tantos como Line, que anunció hace cuatro meses que rondaba los 300 millones de usuarios. La cuestión es que Viber es una empresa creada en Chipre y Rakuten es japonesa. Globalización, dirás. Pero en verdad es más que eso: el 'capo' del sector tecnológico japonés ha emprendido en unos pocos años una escalada de compras a nivel internacional que le empiezan a situar en el centro del panorama mundial.

La cuestión es que Japón es un país que suele mirar muy hacia dentro en lo económico y lo inversor, por lo que Rakuten es una excepción en algunas cosas. El cambio de mentalidad en la compañía llegó en 2010, cuando su CEO decidió que el idioma oficial de puertas adentro dejaba de ser el japonés para pasar a ser el inglés. Le llovieron críticas por ello, pero él lo tenía claro: "El inglés ha dejado de ser una ventaja para pasar a ser una obligación", dijo.

Ese gesto, aparentemente simbólico, tiene un peso grande en un país tan conservador y tradicional en los negocios como Japón. Allí, a pesar del brutal desarrollo tecnológico, el envejecimiento poblacional es un problema serio, por lo que la compañía empezó a mirar hacia fuera para ampliar su base de clientes. Del gesto a la inversión hubo sólo un paso.

¿Y qué ha comprado en este tiempo? En 2005 compró LinkShare por 425 millones de dólares y amagó con hacerse con casi el 20% de Tokyo Broadcasting System, una de las grandes cadenas de televisión, algo que finalmente no cuajó. En 2010 compró nada más y nada menos que Buy.com por 250 millones de dólares. En metálico. La compañía, que contaba entonces con unos 15 millones de usuarios no era tan importante en cuanto a los números, pero sí en cuanto a los mercados: abrió EEUU y Europa para Rakuten.

En sentido similar emprendió compras de portales de e-commerce en otros países con Play.com (Inglaterra), PriceMinister (Francia), Tradoria (Alemania) o Ikeda (Brasil). En 2010 también firmó un acuerdo con Baidu, el mayor buscador de China, para crear un centro comercial online con una inversión conjunta de 50 millones de euros. En 2012 metió 100 millones de dólares en Pinterest.

Con ese mapa la estrategia parecía clara: si mi negocio son las compras online, cerrar acuerdos con buscadores, comprar tiendas extranjeras y participar del contenido de la red social fotográfica con mayor crecimiento del momento parecen buenas ideas. Pero es que, puestos a diversificar en negocios y países lejanos, Rakuten también se ha pasado por España. El año pasado compró Wuaki.tv, una startup española de alquiler cinematográfico online que el pasado año llevó a cabo una intensa campaña de presencia en medios de comunicación y grandes superficies. De hecho, Rakuten también tiene portal para España.

¿Por qué esa compra? Buena pregunta. El mercado del vídeo on-demand también está entre sus objetivos, como demuestra la adquisición de Viki, que emite telenovelas coreanas de gran éxito. No es, en cualquier caso, el único sector diversificado entre tanto furor inversor: también se hicieron con Kobo, un fabricante de e-readers canadiense... aunque en ese caso el plan parece claro: competir con el Kindle de Amazon, su gran rival, en Japón.

El dueño de la 'visa' es Hiroshi Mikitani, un tipo peculiar. que se enemistó con parte de la patronal nipona tras la catástrofe de Fukushima al salirse de la organización empresarial del país como forma de protesta por el denodado apoyo que prestaban a la energía nuclear. Actualmente es, según Forbes, el cuarto hombre más rico del país, por detrás de dos familias y otro self-made man de sectores muy distintos: ropa, bebida y Softbank. Es decir, Mikitani es el más rico del sector tecnológico japonés, lo cual es mucho decir en uno de los países punteros -si no el puntero- en la tecnología mundial.

¿Y cómo lo ha hecho? Con paciencia y buenas maniobras. Rakuten es una compañía de servicios de internet, la tienda online más grande de Japón y una empresa cotizada en el parqué nipón con una capitalización que supera los 5.000 millones de dólares. Con más de 50 millones de clientes, supera holgadamente cada año los mil millones de dólares de ingresos, y aproximandamente un 30% de sus ingresos se convierten en beneficios, que reparte con algunos de sus 4.000 trabajadores. Amazon en Japón lleva tiempo por detrás de ellos.

La evolución de sus ganancias, según Forbes, es constante: de los 2.600 millones de dólares en 2006 a los 6.400 en 2013. De hecho, sólo hay tres personas más jóvenes que él entre los 50 más ricos de Japón: en la posición 15 y con tres veces menos riqueza está Yoshikazu Tanaka, de 36 años, creador de una empresa de juegos móviles llamada Gree, Nobuyoshi Fujisawa, de 44 años, que dirige una corporación financiera llamada J Trust, y Nusaku Maezawa, de 38 años y padre de una tienda online de ropa llamada Zozotown, con 770 millones de dólares de fortuna. Los otros 47 van de los 63 a los 90 años de edad: cuando se habla de envejecimiento de la población en el país es por lago.

Un magnate, vaya. Pero de los silenciosos. Y con gracia: llama la atención que haya escrito un libro y lo venda... en Amazon.

De su vida personal se saben pocas cosas. Formado en Harvard, casado con dos hijos, natural de Kobe y amante del fútbol. De hecho, antes de enzarzarse en la vorágine compradora internacional, se hizo con el club de su ciudad, el Vissel Kobe, un equipo a caballo entre la primera y la segunda división nipona. Poca cosa, pensarás, pero fue, por ejemplo, el equipo donde se retiró Michael Laudrup hace ya algunos años, antes de que Mikitani pasara de ser un simple aficionado a ser el dueño de la entidad.

El equipo, claro, está patrocinado por su empresa -de hecho, al comprarlo le cambió los colores-, además de por otras nada despreciables como Kawasaki, Noevir o Asics, y en su estadio caben más de 30.000 personas, algo más grande que el del Málaga, para que te hagas una idea. La mascota del club, lógicamente, un buey. La carne de Kobe, ya sabes...

Sus inversiones deportivas no terminan ahí: también es el dueño del Tohoku Rakuten Golden Eagles, un equipo de béisbol con sede en Sendai -región afectada por lo de Fukushima, lo que explica su airada reacción en la tradicionalmente serena patronal japonesa-.

Por cierto, si quieres saber más de él (y entiendes japonés), es un tuitero empedernido

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